QUE CAIGA DEL CIELO UN RECETARIO TEXTIL
Reflexión de Diario de un Cuerpo Vestido al vestir TAN BASICX
Nunca he sido fan del minimalismo -y menos en la ropa-.
Para mí se queda corto. Bastante corto. Por cuatro principales razones:
- No me gusta lo simple, me gusta la complejidad.
- Me gusta cuando los objetos cuentan historias. Historias maravillosas.
- Me gusta narrar mi existencia desde el detalle y lo contradictorio.
- El minimalismo está de moda y a mí no me gustan las modas.
Como para llevarme la contraria, llegó a mi casa una pieza de Tan Basicx -una marca colombiana aparentemente minimalista-. Desde el momento en el que abrí el empaque, esa prenda contradijo los cuatro statements que compartí previamente.
La pieza venía empacada en una tela suave, gruesa y blanca con ciertas costuras que le daban forma a unos pequeños cuadrados en su superficie. La tela tenía forma de sobre y envolvía con perfecta precisión la pieza que estaba dentro. Parecía un sobre confeccionado a su medida. Eso me hizo sentir que la pieza que estaba recibiendo era especial, sagrada y delicada. Alcancé a percibir, incluso, que la prenda debía siempre ser guardada en ese empaque, con el fin único de protegerla y cuidarla.
Cuidarla.
Tan revolucionaria esa invitación.
Como dice Vanessa Rosales “en el cuidado también está la revolución” (La Malpensante Moda, 2021).
….
Porque cuidar implica detenerse a pensar y a mirar al otro, en su diferencia, en su distancia. Cuidar es humanizar. Cuidar es revolucionario porque subvierte un entendimiento utilitarista y desconsiderado. Porque contempla. A la tierra. A quienes nos resultan dramáticamente diferentes.
Por la sensación que despertó en mí el empaque, saqué la prenda de forma delicada y cuidadosa. Encontré una pieza perfectamente doblada y planchada. Toda beige. Con un olor y un color magnífico y natural.
Había una etiqueta. Contrario a lo usual, la leí.
Tan Basicx
Eco Design Based
Guía de cuidado
Lavado agua fría
No usar blanqueador
Se puede usar plancha
No usar secadora
¿Por qué Cáñamo?
Menor erosión del suelo.
Menos agua y pesticidas.
Menos CO2 y tiempo.
Menos residuos y cultivos.
hecho en Colombia
Nuevamente, contrario a lo usual, guardé la etiqueta y el empaque.
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Algo se sentía diferente. Algo se siente diferente.
Sin embargo, también ‘algo’ tramposo en mí alcanzó a percibir que esta pieza poco me iba a representar. Por las cuatro razones que dije inicialmente.
Muy beige. Muy plana. Muy simple para mí y para mi historia. Poco humilde yo;
Quien ha acostumbrado su cuerpo y existencia a vestir – con lo que ella llama- “diferente”. Colores. Cortes innovadores. Adiciones. Texturas. Transparencias. Dibujos, pinturas. Arte. Historias evidentes.
Qué atrevida soy. Qué reduccionista. Qué poco crítica. Hasta egocéntrica.
Y es que sí. Tal vez no me representa. Esta vez soy yo la que se queda corta.
Muchas veces, lo simple es simple porque en el fondo es muy complejo.
Eso lo entendí después.
Con el uso y la investigación por entender “a quienes nos resultan dramáticamente diferentes”.
A TanBasicx
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…
Me puse la prenda. Se sintió liviana en mi piel.
Ya la he usado varias veces y tal vez lo que más me ha sorprendido es cómo se relaciona con el cuerpo. Con el cuerpo vestido.
Lo bien que se siente el cuerpo -vestido- de ella.
No me gusta vestirme con prendas que le entreguen mucho peso a mi cuerpo porque soy amante de sentirme liviana. Claro está que vestirse siempre implicará agregar capas y peso sobre la piel, pero hay piezas que logran matizar con la figura, que cuidan la sensación orgánica y libre del cuerpo. Que la potencializan y abrazan.
Soy amante de las prendas que no asfixian, sino que permiten el flujo del aire.
El movimiento.
amante de poder bailar, cantar, subir una pierna, acostarme, respirar, correr, pintar, trabajar, pensar, estar,
volar ———–,
desde la comodidad y complicidad de una prenda.
Desde su extensión.
La pieza que me llegó de Tanbasicx además de todo esto, tiene una habilidad mágica que le permite habitar la dualidad: ser fresca y, a la vez, abrigo. Siempre que la uso pienso: ¿cómo es que se adapta tan bien a la temperatura de mi cuerpo?
No me hace sudar. No me da frío. Tampoco calor. No hay olores. No hay color.
Empata con el cuerpo. Se siente bien.
¿Qué más podríamos pedir?
Supongo que son sus materiales. Algo distinto tienen frente a la cantidad de químicos y plásticos con los que solemos vestir nuestros cuerpos.
Está hecha de cáñamo y además de los beneficios ambientales que eso implica,
hay algo poderoso en cómo esta fibra dialoga con el cuerpo.
Estoy segura.
Esta impresión partió, inicialmente, de un ejercicio sensorial; de la experiencia pura, pero ya me he sentado a investigar.
Me pondré científica.
Las fibras de cáñamo son huecas y porosas, lo que crea canales naturales de ventilación en la tela.
Esto, además de facilitar el paso del aire, ayuda a que la piel mantenga un equilibrio térmico natural y una sensación agradable en el cuerpo: fresco en climas cálidos y cálido en climas fríos.
La tela de cáñamo puede absorber hasta un 20 % de su peso en humedad sin sentirse mojada, favoreciendo la evaporación del sudor, la sensación ‘pegajosa y mojada’ y evitando la proliferación de bacterias.
Sus compuestos naturales inhiben el crecimiento de microorganismos como Staphylococcus aureus o E. coli, ofreciendo una protección orgánica y libre de químicos a la piel.
Esto convierte al cáñamo en un gran hipoalergénico y antibacteriano.
Además, al no requerir pesticidas ni fertilizantes sintéticos para su cultivo, el cáñamo mantiene la tela libre de residuos tóxicos, reduciendo el contacto con sustancias que suelen causar irritación, resequedad o alergias en la piel.
El cáñamo no irrita, no encierra el calor, no retiene olores.
A diferencia de muchas fibras sintéticas o incluso del algodón convencional, el cáñamo se ablanda con el uso sin perder su estructura.
Sus fibras se flexibilizan con el tiempo y aprenden el contorno del cuerpo,
como si recordaran cada movimiento, cada gesto, cada figura.
La ropa hecha de cáñamo acompaña al cuerpo y a la piel.
Aprende su funcionamiento orgánico y lo favorece.
Favorece al cuerpo vestido: su autorregulación climática, su forma, su ritmo, su figura.
Es una extensión viva del cuerpo, una capa que no frena sus procesos naturales, sino que los acompaña, los alivia,
los cuida.
Cuida nuestro cuerpo, piel y respiración.
Cuida el aire que nos rodea.
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La ropa siempre ha sido, para mí, una aliada en la construcción de mi identidad.
También una compañía enorme en mi camino de bienestar emocional: una forma de canalizar, calmar o potenciar cómo quiero —y necesito— sentirme.
Pero nunca me había preguntado si también podía ser una aliada de mi salud física.
De mi piel, de mi respiración, de mi equilibrio biológico.
¿Cómo puede la ropa apoyar la salud de nuestro organismo?
Somos lo que comemos, lo que pensamos, lo que miramos…
pero también somos lo que vestimos.
¿Cómo puede la ropa acompañar nuestra respiración, nuestro oxígeno, la liberación de toxinas, la figura natural y el movimiento del cuerpo?
¿Cómo puede adaptarse al clima, a nuestros ritmos internos, a lo que nuestro cuerpo biológicamente necesita?
Qué caiga del cielo un recetario.
Amén.
Un recetario al estilo de nuestras abuelas y ancestros:
con pasos, ingredientes, instrucciones.
Con sabiduría y conocimiento intergeneracional.
No quiero un recetario culinario, sino un recetario textil; cercano al mundo de los remedios naturales.
Algo así como:
“Un poco de lavanda para calmar la ansiedad.”
“Anís y menta para el sistema digestivo.”
“Albahaca y canela para los cólicos.”
“Aloe vera para las quemaduras.”
“Miel y limón para la gripa.”
Pero que ahora existan también fórmulas para vestirnos:
Vístete de cáñamo si necesitas respirar.
Vístete de lino si buscas frescura y equilibrio.
Vístete de algodón orgánico si tu piel necesita descanso.
Tiñe tu camisa con cúrcuma si quieres desinflamar.
Vístete de rosado si anhelas calma.
No lo sé… aún no tengo las respuestas.
Pero siento que la mirada investigativa —y creativa— debería tomar este camino.
Porque, por más obvio que parezca, la ropa tiene contacto directo con la piel:
nuestro órgano más grande, más expuesto, más sensible.
Y algo debe provocar lo que lo toca, lo que lo cubre, lo que lo acompaña.
Acá inicia una revolución.
Una nueva forma de relacionarnos con la indumentaria, con el cuerpo y con la tierra.
Es hora de vestirnos no para encajar ni demostrar,
sino para entrar en sincronía con nuestro bienestar:
físico, emocional e identitario.
Para poner en armonía nuestro adentro y nuestro afuera,
nuestro entorno interno y externo.
Amén,
Qué caiga del cielo un recetario médico – textil-.
Por: María José Gutierrez
Diario de un Cuerpo Vestido